Historia

HistoriaAbadiano, Anteiglesia de la Merindad de Durango. De época prehistórica encontramos en su término municipal las cuevas de Bolinkoba (yacimiento solutrense), Oyalkoba (Edad de Bronce), Hastakoba y Albiztey.

Durante el Medievo fue escenario de las guerras de banderías, siendo partidaria del bando oñacino. Fue entonces cuando proliferaron las casas-torres y castillos, algunos célebres, como el de Muncháraz, cuyo dueño, Pedro Ruiz, contrajo matrimonio en 1172 con la Infanta de Navarra doña Urraca; Abadiano, solar de Iñigo de Abadiano y Perucho de Abadiano, alcaide de alcázar de Isabel La Católica en Madrid; Trañajáuregui, Larrigan, Lebariojáuregui, Mendilibar, Murueta, Arbaiza, Esterripa y Uribarren.

Hombres como el capitán Iñigo de Lebariojáuregui, que luchó contra los turcos en Gibraltar, y Atanasio de Esterripa, obispo de Mallorca, provenían de estas casas.
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Abadiano descolló desde el siglo XVI como importante centro industrial de elaboración de hierro en sus ferrerías de Astola, Esterripa, Lebario, Muncháraz, Murueta y Traña, funcionando alguna de ellas hasta bien entrado el siglo XIX. Se celebraban dos ferias anuales muy concurridas, una el 3 de febrero en Abadiano-Zelaieta y otra, de ganado mayor, el día de san Antonio de Padua, desde 1777.

La Anteiglesia comprendía siete cofradías o barrios, que ocupaban el asiento y voto, número uno de las Juntas de la Merindad de Durango, que, según Iturriza, se celebraban desde antiguo junto a la casa torre de Muncháraz. Luego pasaron a la ermita de san Salvador de Guerediaga. Delante de ella se levantaba una cruz de piedra y 28 mojones en círculo que servían de asiento a los representantes de las 14 anteiglesias que componían la Merindad.

El teniente de corregidor de la merindad tenía su residencia en la casa de Astolazubiar, donde se celebraba su audiencia asistido por doce escribanos y un aguacil, disponiendo además de cárcel pública.

La iglesia parroquial de Abadiano era matriz de la de Garay y estaba dedicada a San Torcuato Mártir. El Patronato fue concedido por Juan I de Castilla a Juan alfonso de Múxica en 1385. Reconstruída en 1599, fue ampliada después en 1763-1780, con coste total de 55.000 ducados, que aportó la República. En 1800 estaba servida por un cabildo de nueve beneficiados, presentados por el Marqués de Mortara, que percibía los diezmos como patronato de realengo perpetuo. Existían además una veintena de ermitas, de las que cabe señalar las de san Salvador, Santa Cruz, Santa María de Atxarte, Andaramari, San Cristóbal, Santa polonia y el Santuario dedicado a los Santos Antonio Abad y de Padua.

Abadiano fue también escenario de las guerras decimonónicas. Para convenir el fin de la primera insurrección carlista se entrevistaron, el 26 de agosto de 1839, en un caserío cercano a la ermita de San Antolín, los generales Maroto y Espartero, sentándose las bases de lo que sería el Convenio de Vergara, firmado cinco días después.

En la segunda guerra carlista, la última batallalibrada en tierras vizcaínas tuvo lugar el 15 de noviembre de 1876 en Abadiano. En ella los batallones carlistas y Cavero, Solana y Echévarri fueron derrotados por las tropas liberales del General Ciria.